Viaje a lo profundo
 Hay momentos que quedan grabados para siempre en el alma y uno de ellos, sin dudas, es la primera vez de un buceo. Pocas sensaciones se comparan a esta experiencia: la respiración se vuelve natural en un medio denso y nuevo para el cuerpo humano que pasa a gozar de las virtudes de poder moverse en tres dimensiones. “El buceo nos hace sentir como exploradores de un mundo alucinante, donde todo está absolutamente ordenado y equilibrado”, define Claudia Pastorino, directora del Instituto Argentino de Actividades Subacuáticas (IASS).
La pausa perfecta para bajar las revoluciones y encontrarse con uno mismo. Preparase para ser buzo es cuestión de práctica y de un curso corto. Sin embargo, una vez que se sumerge en este viaje, se multiplican las posibilidades de disfrute y conocimiento: sobre el fondo marino, sobre cómo este ambiente influye sobre nuestro cuerpo, conceptos básicos de física, primeros auxilios, fotografía, orientación, buceo nocturno y rescate, entre otros.
Una actividad no competitiva en la cual el mar se transforma en un inmenso patio de juegos donde gana el que más disfruta.
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